miércoles, 8 de enero de 2014

NOBUKO TADOKORO, hechicera del dibujo infantil peruano


Quizás pocos recuerden quién es ella. Su figura, cetrina y menguada recorriendo sutilmente las calles de Lima, estaba lejos de revelar la poderosa magia que emanaba de sus manos. Parecía una hechicera buena cuya varita mágica transfigurada en un pincel, le ha dado a la ilustración infantil peruana un estilo muy propio y del que poco o casi nada se ha estudiado.
La conocíamos y la conoceremos sólo por su seudónimo: Nobuko; porque así firmaba sus dibujos, sin más datos rimbombantes que nos diera una pista de cuál era su nombre y su biografía completos; solo supimos que había egresado de la Escuela de Bellas Artes, que al inicio de su carrera pintaba cuadros.
Gustaba de tomar café y prender un cigarrillo a la manera de las mujeres libres de la década de los setentas. Con esa voz que no parecía salida de garganta tan frágil, hablaba, primero de sus trabajos, luego de su vida, de lo mucho que ganó ilustrando importantes libros para niños del siglo pasado en instituciones privadas y públicas como el Instituto de Investigación y Desarrollo de la Educación (Inide), y de los desengaños que la golpearon peor que a Vallejo.
Y nosotros recordamos nuestra adolescencia en 1975, cuando aún escolares íbamos llevando cada semana nuestros dibujos al histórico suplemento infantil URPI; sorprendentemente éramos compañeros de trabajo, la veíamos llegar, mujer joven, más ágil, más artista, sus pequeños pasos subían por la escalera al segundo piso del ahora inexistente local del fenecido diario La Prensa, en pleno jirón de la Unión. Ingresaba a la oficina de redacción de Urpi con su enorme cartapacio, de donde salían coloridas cartulinas para ilustrar las páginas del entrañable suplemento del diario que en ese entonces dirigía el maestro Walter Peñaloza.
Para ella, nosotros éramos unos niños que algún día seguiríamos su camino. Se equivocó un poco, porque, si bien no dejamos completamente los lápices y pinceles por el teclado, le dimos mayor dedicación a nuestros escritos.
Pasaron los años y volvimos a encontrarnos con una Nobuko más madura, en otro suplemento infantil de los que ahora ya no existen:Visión Futuro del semanario Visión Peruana que dirigía César Hildebrantd, allí, con Danilo Sánchez como editor, mientras nosotros dibujábamos las historietas, ella hizo maravillas en portadas e interiores. Y después, percibimos de lejos cómo envejecía, poco a poco, mientras llenaba de magia libros y libros que terminaban en las manos de los niños peruanos de fines del siglo XX.
Con el nuevo milenio, la vieja hada madrina pareció inesperadamente perder su don. Ya no la llamaban los editores, menos reconocían su trabajo las instituciones públicas y privadas que tanto la reclamaron antaño. Es decir, la olvidaron. Otros amigos dicen que fue ella quien se auto exilió voluntariamente.
En sus últimos años volvió a su origen: pintar cuadros para sobrevivir, vendiéndolos a quien pagara lo que quiera o pueda. La pobreza fue la única amiga que la acompañó después de regalar su genio a varias generaciones de lectores infantiles.
Julia Nobuko Tadokoro Takamatsu, dejó pintar en la primavera del año 2009, murió como mueren los artistas consecuentes: sin homenajes, sin reconocimiento de nadie, en el olvido, en medio de la miseria. Para ella no hubo carroza halada por caballos ni pompa, menos prensa alcahueta. ¿Será acaso porque no le cantaba a los bohemios de bares o a los políticos de turno, sino regalaba su arte a los niños de la escuela?
Desde este rincón siempre te recordaremos, Nobuko, la inolvidable artista de los niños, la de los dibujos candorosos y colores alborotadores, la madre original de la ilustración infantil peruana.

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